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jueves, 02 febrero 2006

29- ESA NIEBLA TAN DE LEÓN

La NIEBLA, sin duda el fenómeno atmosférico más INÚTIL de la naturaleza y muy lejos en productividad y beneficios de la lluvia, la nieve, el viento o el sol, invade de manera periódica campos, pueblos y ciudades leonesas cada invierno y cada año más. Un manto blanco intangible, etéreo e impenetrable, la mayoría de las veces, INUNDA carreteras y caminos creando riesgos añadidos a conductores prudentes o no y rodea durante largas horas, por ejemplo, a la Pulchra Leonina medium_catedral.jpg(la magna CATEDRAL Real de la Ciudad de León) con una suerte de humo frío y húmedo que hace ESTREMECER incluso a sus tantas veces centenarios muros. Pero incluso la niebla, también tan castellana especialmente en las riberas de los grandes ríos, es capaz de dotar de ATRACTIVO a aquellos lugares que periódicamente visita. Así, darse una vuelta bien abrigado por el cercano LEÓN ROMÁNTICO o por las viejas callejas de los alrededores de LOS CUBOS, si de la Ciudad de León hablamos, puede llegar a ser una experiencia atractiva y muy interesante por MISTERIOSA, particularmente porque hasta que no lo tienes frente a tus narices no sabes con quien te vas a cruzar o porque esa persona tras la que llevas casualmente tiempo caminando es desproporcionadamente alta. Y lo más curioso y quizás lo único por lo que esa niebla tan leonesa no es del todo inútil es que, al ser capaz de AMORTIGUAR maravillosamente el SONIDO, los ruidos urbanos más habituales, menos agradables y más modernos se disipan de tal manera que el caminante intrépido, que apenas acierta a oír sus propios pasos, puede imaginarse y sentirse como uno de aquellos encapados caminantes del LEÓN VIEJO cualquier noche de invierno de cualquier año HACE poco más o menos DOS SIGLOS (una época en la que sin duda ocurrían bastantes más cosas misteriosas que ahora)... Si LEÓN ya de por sí es FRÍO, con la niebla para qué contar. No obstante si después de nuestro solitario e inquietante paseo nos espera una ACOGEDORA CASA bien calefactada y una SUCULENTA y cálida CENA LEONESA... el susto habrá merecido la pena.